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Resumen

En 1895, en plena segunda revolución industrial, el cine emprendió su andadura con la patente del “cine- matógrafo” de los hermanos Lumière, un ingenio que, gracias a un procedimiento mecánico, permitía no solo la captación de imágenes “reales” –como lo hiciera en su momento la fotografía, pero esta vez añadiéndoles movimiento– sino también la proyección de esa continuidad de imágenes impresionadas. No cabe la menor duda de que con el objeto nació una industria, item est, una actividad lucrativa que explotaba la novedosa invención técnica con el fin de producir bienes comerciables que ofertar a la ociosa sociedad burguesa de finales del s. XIX y principios del s. XX. Rápidamente, y como resultado de la demanda creciente de los que ya se habían convertido en “espectadores”, el negocio aislado devino entramado industrial: la estrategia comer- cial de los empresarios de Lyon, característica de una incipiente era de la globalización, consistió en enviar operarios a los lugares más remotos del planeta para distribuir la producción cinematográfica francesa y conquistar mercados, al tiempo que se capturaban escenas exóticas con las que alimentar la cada vez mayor demanda de entretenimiento.

Palabras clave

cine; arte; industria

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Sección
ARTÍCULOS
 

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